Hace ya unos meses duermen en mi mesilla un par de libros que llevan por título : "Conversaciones con Dios" cuyo autor es Neale Donald Walsch. El estrés diario y mi cansancio, hacen que su lectura no sea constante, ni continuada, como tampoco lo son mis entradas en este blog. De manera arbitraria me sumerjo en sus textos y oteo sus hojas de forma libre y desordenanda, escogiendo unos capítulos y descartando otros, para días más tarde escoger los descartados. Y así, exprimir todo su contenido buscando, sino respuestas, si afirmaciones que otorguen peso a mis pensamientos, a aquello en lo que creo, y a aquellos valores en los que he sido educada.
En una ocasión, lo abrí por el capítulo ocho, el texto se iniciaba de la siguiente manera: "¿Cuando aprenderé lo suficiente sobre las relaciones como para que las mías vayan sobre ruedas?" y comencé su lectura, ansiosa por conocer la respuesta a esa pregunta.
Y aquí os dejo hoy, fragmentos de ese capítulo... ¡Disfrutadlo!
La relaciones son una prueba constante, constantemente invitan a crear, expresar y experimentar las más elevadas facetas de ti mismo, las mayores visiones de ti mismo, las más magnificas versiones de ti mismo. En ninguna otra parte puedes realizar esto de un modo más inmediato, efectivo e inmaculado que en las relaciones. En realidad, si no fuera por las relaciones no podrías realizarlo en absoluto.
Bendice por tanto toda relación, y considera cada una de ellas como especial y constitutiva de quien realmente eres y ahora eliges ser. Cuando las relaciones amorosas fracasan es porque se habían iniciado por una razón equivocada. La mayoría de la gente inicia las relaciones con las miras puestas en lo que puede sacar de ella, en lugar de lo que pueden aportar a ellas. El objetivo de una relación es decidir que parte de ti mismo desearías ver descubierta, y no que parte de la otra persona puedes capturar y conservar.
Sólo puede haber un objetivo para las relaciones y para toda la vida: ser y decidir quien realmente sois. Resulta muy romántico decir que tú no eras nada hasta que llegó esa otra persona tan especial, pero no es cierto. Y lo que es peor, supone una increíble presión sobre esa persona, forzándole a ser toda una serie de cosas que no es.
Las relaciones son sagradas por que proporcionan la más grandiosa oportunidad en la vida - en realidad la única oportunidad – de crear y producir la experiencia de tu más elevado concepto de ti mismo. Las relaciones fracasan cuando las consideras la más grandiosa oportunidad de crear y producir la experiencia de tu más elevado c oncepto del otro.
El “Maestro” entiende que no importa lo que el otro sea, haga, tenga, diga, quiera o pida. No importa lo que el otro piense, espere o planee, sólo importa lo que tú hagas en relación con ello.
Dos personas se unen para compartir su vida, esperando que el todo, será más que la suma de las partes, y se encuentran con que es menos. Se sientes menos que cuando estaban solos, menos capaces, menos hábiles, menos atractivos, menos alegres, menos contentos,… Y ello es así, porque son menos. Han renunciado a la mayor parte de lo que son con el fin de tener – y conservar – la relación.
Las palabras y las acciones de las personas con quien tenemos relaciones, en muchas ocasiones hacen daño. Pero llegará el día en que no te lo harán. Y será el día en que realices y actualices el auténtico significado de las relaciones con los demás, su auténtica razón.
Existen una serie de cosas que puedes hacer cuando reaccionas con dolor , ante lo que la persona es, dice o hace. La primera es admitir con franqueza lo que sientes exactamente , tanto a ti mismo como a la otra persona. Muchos de vosotros tenéis miedo de hacer esto, pues pensáis , que vais a quedar mal. En alguna parte, en lo más profundo de vosotros, os dais cuenta de que probablemente es ridículo que penséis así. Probablemente resulta mezquino, sois mejores que eso, pero no es culpa vuestra; seguís pensando así.
Existen una serie de cosas que puedes hacer cuando reaccionas con dolor , ante lo que la persona es, dice o hace. La primera es admitir con franqueza lo que sientes exactamente , tanto a ti mismo como a la otra persona. Muchos de vosotros tenéis miedo de hacer esto, pues pensáis , que vais a quedar mal. En alguna parte, en lo más profundo de vosotros, os dais cuenta de que probablemente es ridículo que penséis así. Probablemente resulta mezquino, sois mejores que eso, pero no es culpa vuestra; seguís pensando así.
Solo hay una cosa que puedes hacer al respecto, debes honrar tus sentimientos, puesto que honrar tus sentimientos significa honrarte a ti mismo. ¿Cómo puedes aspirar a entender y honrar los sentimientos de otra persona si no puedes honrar los que albergas en tu interior?
La primera pregunta en cualquier proceso de interacción con otra persona es ¿Quién soy, y quien quiero ser , en relación con ello? A menudo no recordáis quienes sois, ni quien queréis ser hasta que no probáis otros modos de ser. He aquí porque resulta tan importante honrar vuestros sentimientos más auténticos. Si vuestro primer pensamiento es negativo, el hecho de tener dicho sentimiento a menudo es suficiente para desecharlo. Es cuando estáis coléricos, molestos, disgustados, furiosos, y tenéis el sentimiento de querer hacer daño, cuando podéis rechazar estos sentimientos primarios en tanto no forman parte de quien queréis ser.
El Maestro es aquel que ha vivido lo suficiente tales experiencias como para saber por adelantado cuál es su elección definitiva, no necesita probar nada, ya ha llevado antes esa ropa ,y sabe que no le sienta bien, no es la suya. Y , puesto que la vida de un Maestro está dedicada a la realización constante del Yo tal como uno mismo sabe que es, nunca albergará esos sentimientos que no le sientan bien. He aquí por qué los Mestros se muestran imperturbables frente a lo que los demás llamarían calamidades. Un maestro bendice la calamidad, pues sabe que a partir de la semilla del desastre ( y de toda experiencia) crece el Yo.
Puedes crear a quien realmente eres una y otra vez. En relidad , lo estás haciendo , cada día. Sin embargo, actualmente no siempre responderás de la misma manera. Frente a una experiencia externa idéntica, puede que un día decidas ser pacientes, amable y cariñoso en relación a ella, y otro día puede que decidas enfadarte, ser desagradable y estar triste. El Maestro es aquel que siempre responde de la misma manera, y esa manera es siempre la opción más elevada.
Quien tenga oídos para oír, que oiga; pues te aseguro que , en el momento crítico de toda relación humana, solo hay una pregunta:
¿Qué haría el Amor?
Ninguna otra pregunta es importante, ninguna otra pregunta es significativa, ninguna otra pregunta tiene la menor importancia para vuestra alma.
Nadie en su sano juicio - y Dios menos que nadie – te diría cuando experimentas dolor en una relación “alejate de ella, haz que no signifique nada “. Si estás experimentando dolor, es demasiado tarde para hacer que no signifique nada. Tu tarea en ese momento consiste en decidir que significa y manifestarlo; puesto que , al hacerlo así, eliges y te haces aquel que pretendes ser.
Hasta aquí estos retales del capítulo ocho, para todos aquellos que atraviesen alguna dificultad en sus relaciones, ya sean del tipo que sea, quizás no esté de más preguntarse : ¿Qué haría el Amor?.
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