viernes, 4 de octubre de 2013

Martes 13 de Marzo de 2007, rumbo a Savona. Destino: Costa Concordia.

Recién casados y cargados de ilusiones, nos esperaba el barco más moderno de toda la flota de Costa Cruceros, su barco estrella. Aquel buque insignia de la compañía se convertiría en testigo mudo de nuestro amor. Por delante, teníamos 13 días a bordo de aquella ciudad flotante, que no hizo más que fascinarnos desde que a lo lejos y aún subidos en el autobús, pudimos vislumbrarlo, tan majestuoso e invencible descansando sobre el mar en el pequeño puerto de Savona, un pequeño pueblo de la costa Oeste italiana.




Nuestro cómodo viaje, no nos hacía siquiera imaginar que el final del aquel gigante de 114.000 toneladas, llegaría a penas cuatro años más tarde, al quedar encallado en la costa italiana de Giglio. La noche que saltó la noticia no hizo más que erizarme la piel, mi mente hizo un rápido paralelismo, como tambien lo hiceron miles de medios, con el Titanic.

 " Llamaban al Titanic el buque de los sueños, y lo era, realmente lo era"

Veinte meses después de aquella tragedia de tintes filmicos, se produce la primera fase de una titánica operación para reflotar a la costa aquel buque de sueños, que quedó convertido en  una amenaza para la economía , el turismo y el bienestar medioambiental.




¡¡¡Impresionante estampa!!!!

 







No hay comentarios:

Publicar un comentario