miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pasan los años.

Despierto en una cama de 1.50 cms, mmm… ¡adorable amplitud!, son las ocho de la mañana, creo que me estoy haciendo mayor porque desde hace ya algunos años, no necesito hacer uso del despertador para levantarme. (La idea de hacerme mayor no me preocupa demasiado, pero si la velocidad con la que están pasando los años).
 Abro los ojos y me desperezo lentamente, disfrutando de la inigualable sensación del calor que hay en mi cama después de 8 horas de sueño, ¡qué pereza! me da frío la sola idea de pensar en salir de mi refugio.  Junto a mi inmensa cama, nada comparable a las literas en las que tantos sueños quedaron en mi adolescencia, hay una cuna blanca. Es la cuna de mi hijo, donde duermen cada noche un mundo de sueños, de ilusiones,  de fantasías  y alegrías, cada día es una nueva aventura para él.  Juan ese pequeño querubín que dejó sus alas atrás, para venir a este mundo de intrépidas luchas, de multitud de maldades y ¿por qué no decirlo? alguna que otra bondad.   
Soy mama, tengo 28 años , tengo la sensación de que todo está yendo demasiado rápido. Hace exactamente diez años dejaba atrás el instituto, una joven con miles de ilusiones en la cabeza, no sabía realmente lo que quería, como casi todos los jóvenes a esa edad, pero me encantaba soñar. Mis mayores preocupaciones eran los exámenes, aquel chico que me hacía suspirar, y que mis padres aumentarán considerablemente la hora de llegada a casa los sábados.       ¡Cómo ha cambiado todo!
¿No habéis tenido la sensación de ser espectadores de vuestra propia vida? ¿De qué todas las cosas se suceden tan sumamente rápido que no te da tiempo de reaccionar?,  ¿de qué dejas pasar trenes que debiste, sin duda, haber cogido?, y  que contrariamente,  en algunas ocasiones ¿te subiste a trenes que no te llevaban a ninguna parte?.  

A mis 28 años, y con la madurez que lleva intrínseco el hecho de ser mama, todo adquiere otra perspectiva, quizás la de quien ya ha vivido algo más. A pesar de los errores, que aún voy cometiendo, a pesar de que alguna vez espere trenes equivocados en andenes imposibles, hoy  sé lo que quiero, como lo quiero, y sé lo mucho que me costará conseguirlo, pero no quepa la menor duda,  que tengo la certeza de que podré conseguirlo.    

A continuación, os dejo un poema de Jaime Gil de Biedma cuyo título es “No volveré a ser joven”. Un poema pesimista y desesperanzado de quien ha perdido demasiado tiempo, quizás sólo buscando el aplauso.  

NO VOLVERÉ A SER JOVEN
    
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma, 
Poemas Postumos, 1968

2 comentarios:

  1. Ahora me encuentro yo en esa situación, recién acabado el instituto y sin saber que hacer con mi vida.
    Tú al menos sabes donde despiertas cada mañana, a saber donde lo hago yo...

    Por cierto, buen poema!

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  2. la vida vuela, tanto que da la sensación de que la pierdes sin hacer nada. Cada día hay que parar el mundo y bajarse, tener una perspectiva distinta de lo que realmente es importante. Alcanzar un sueño es hermoso, pero efímero. Como dice una amiga, la vida es un tango que hay saber bailar. Saber bailar es lo importante

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